La sabiduría popular nos dice que las frutas y las verduras son sanas. Todas las abuelas nos enseñaron a desayunar primero con la fruta (lo dulce) y luego lo salado. Y es una costumbre que muchas personas conservan. Sin embargo, dadas las modificaciones genéticas que el hombre moderno ha creado (tanto en vegetales como animales), cabe suponer que las frutas de hace cien años, ya no es la misma que tenemos hoy. Baste mencionar que antes veíamos toronjas amarillas, zanahorias blancas o moradas, sandías con semillas, membrillos, capulines y otras especies vegetales que ya no existen como eran en un inicio, o definitivamente se han ido, debido a la demanda del mercado.
Véase la siguiente imagen, de Giovanni Stanchi, que se ha usado como modelo para mostrar cómo han cambiado algunas especies vegetales en unos pocos siglos, que para efectos evolutivos, es casi nada: : https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Giovanni_Stanchi,_Watermelons,_Peaches,_Pears,_and_Other_Fruit_in_a_Landscape.jpg
¿Y qué demanda el mercado, cuando hablamos de frutas? Que no tengan gusanos, que estén uniformes, y sobre todo, que la fruta sea dulce. Y entre más dulce, mejor. Pero si es más dulce, ¿sigue siendo tan sana, como hace años?
Esta es la pregunta clave de este artículo. Y la respuesta parece que ser que no, aunque matizado. En un artículo publicado en el 2018, se menciona que los responsables del zoológico de Melbourne han eliminado la fruta de la dieta de algunos animales, debido a que estaban sufriendo daños orgánicos debido al contenido incremental de azúcar. Si esto es así, ¿qué estará pasando con los cuerpos de los humanos, que inocentemente comen fruta diariamente, cuando están en ayunas, pensando que les hacen bien?
Entonces, parecería que la fruta ya no es tan sana, debido a las adaptaciones de algunas frutas a los distintos ambientes (diferentes de sus orígenes) y a la selección humana para darle al mercado un producto más comercial (una manzana silvestre, que es más pequeña, ácida y que se ennegrece rápidamente no es tan vendible), o bien, cambiando sutilmente la naturaleza química de algunas especies.
La discusión continua, debido a que es prácticamente imposible que se haga un análisis de la cantidad de azúcar en frutas de hace cien años, y se compare con las de ahora. Quizás, y sólo quizás, encontremos tablas de hace cincuenta años con la composición porcentual de algunos alimentos, y quizás (sólo quizás) encontremos algunas diferencias en algunas frutas, pero yo pensaría que como no hay datos concluyentes, no podríamos ser categóricos, aunque yo mantendría la sospecha.
Pero esa es mi opinión, la de un ciudadano preocupado que pronto se pondrá en un brazo un monitor de azúcar, sólo para ver el efecto de las distintas frutas al comerlas en ayunas. Pronto le contaré de esa experiencia. Pero con lo que sí me quedó es con la sensación de que las frutas sí saben más dulces, en buena medida empujado por la demanda de un mercado cuyo consumo de azúcar lo coloca como el país más obeso del mundo, y que la costumbre por consumir refrescos, galletas, cereales y otras cosas dulces, posiblemente ha cambiado el perfil del gusto, lenta pero seguramente, con las diferentes generaciones. Pero insisto: sólo es mi opinión.
Referencias:
https://www.npr.org/2018/10/07/655345630/how-fruit-became-so-sugary
https://www.youtube.com/watch?v=3jRMlxIi1bo
Fecha de actualización: 01 de mayo de 2026

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